Una visión desde la izquierda madrileña

El diario Público está desarrollando la iniciativa “Espacio Público” en la que se lanzan debates sobre distintas materias de índole política y económica, el último de ellos lleva por título “Catalunya y el derecho a decidir”, y en él ha participado el coordinador general de IUCM, Eddy Sánchez, con “una visión desde la izquierda madrileña”, reproducido aquí:

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Lo primero saludar la iniciativa de Espacio Público. A pesar de la importancia del tema a tratar, no son habituales los ámbitos de debate, que desde una visión estratégica, profundicen en el debate de la cuestión nacional, y en concreto, del derecho a decidir.

La izquierda transformadora demuestra un importante déficit político y teórico en estos momentos, que choca con el importante potencial electoral que presenta. Para evitar cualquier tipo de abstracción en las reflexiones que se desprenden de la lectura del texto propuesto por el profesor Navarro, el presente artículo se estructura en cuatro apartados a modo de tesis.

La formación de la naciodalidad catalana moderna y su necesaria revisión teórica

“El nacionalismo es anterior a la nación, no son las naciones las que hacen a los estados y al nacionalismo, es a la inversa”. Esta famosa definición realizada por el historiador británico Eric Hobsbawm en su famoso ensayo Naciones y nacionalismos desde 1780, sirve de marco teórico para el presente texto. Según dicho marco, los movimientos nacionalistas contemporáneos serían una expresión política propia del nacimiento y desarrollo del mercantilismo y el posterior capitalismo a partir del siglo XVII.
La “nación catalana” sería expresión del ideario político del movimiento nacionalista nacido en Cataluña en el siglo XIX, y del particular desarrollo del proceso de industrialización trunco seguido en España, de las pérdida de las colonias en 1898 y en definitiva, sirve de reacción a la incapacidad de la burguesía en España de liderar un proceso de industrialización y de construcción de un estado capitalista moderno.

Cabría preguntarse ¿cuáles son los factores que han permito hablar de una nacionalidad catalana moderna?. Históricamente desde la izquierda marxista catalana se ha hablado de tres:

  • La formación de un espacio económico diferenciado que ha permitido generar una dinámica de acumulación propia. Frente al predominio de un capitalismo basado en la explotación extranjera de recursos naturales y de obras públicas que derivan en una formación social atrasada de base agraria y rentista, en la Cataluña del siglo XIX se desarrolla una acumulación industrial endógena.
  • La industrialización en Cataluña explica el surgimiento de una estructura de clases también diferenciada, cuya característica principal es la aparición de una clase obrera industrial numérica y políticamente muy superior a la del resto del España, así como una burguesía moderna, productiva y de carácter nacional.
  • La persistencia de una cultura popular basadas en la lengua catalana y en las formas de psicología colectiva provenientes de una historia popular que adquieren carácter de diferencia nacional con el desarrollo económico posterior.

Esto genera una dinámica conflictiva entre la construcción de un Estado burocrático, centralista bajo hegemonía latifundista, y una Cataluña anticentralista, opuesta al dominio de los oligopolios y de los latifundistas, que tiene como protagonista a la clase obrera y sectores populares catalanes, junto a una burguesía nacional antilatifundista y opuesta al centralismo.

Según este marco conceptual, es dentro del capitalismo y de las diferentes formas en la que se desenvuelve en España, donde encontramos el surgimiento de la llamada “cuestión nacional”. Este es el esquema aún vigente dentro de importantes sectores de la izquierda, esquema que debería afrontar una pregunta, ¿dichos factores siguen vigentes dentro de la globalización capitalista?.

Este es un tema complejo que podría servir de base para una actualización del pensamiento de la izquierda transformadora en relación al debate nacional en España, análisis que excede al presente texto. Así que con una mera intención de marcar posición, opino que en la fase actual del capitalismo hablar de burguesías nacionales es un error, no creo que en España ni en Cataluña exista un sector de la burguesía capaz de sostener un proyecto endógeno, autocentrado; más bien al contrario, en mi opinión, los intereses dominantes de la burguesía son fundamentalmente transnacionales. Esto permite explicar la creciente “convergencia” de intereses entre los bloques de poder en Cataluña y España, la superación deliberada del pasado industrial catalán y la adopción de un patrón inmobiliario y financiero como en el resto del estado. Elementos que permiten afirmar, que el nacionalismo hegemónico en Cataluña (CiU) se ha erigido como la “tercera” pata del bipartidismo en España.

La cuestión nacional en el marco de la globalización

La crisis de mediados de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado en España desembocan en la plena internacionalización de nuestra economía con la entrada en la UE. Proceso hegemonizado por una alianza de sectores liberales antifranquistas y sectores provenientes de la propia dictadura que marcan el proceso de inserción en la globalziación y en la construcción de una economía de base financiera e inmobiliaria, bajo una organización territorial basada en las CC.AA. y el dominio de un bipartidismo imperfecto, como elementos característicos del estado surgido de la denominada Transición.

En este marco para los partidos españoles, la cuestión nacional quedaba diluida en un proceso supranacional exitoso como era la UE, mientras que para los nacionalistas hegemónicos en Cataluña, el viejo Estado nación español quedaba obsoleto, y la consecución de la independencia vendría de la mano de la conocida como “Europa de los pueblos”. A pesar de las diferencias, ambas posiciones políticas coincidían es la máxima de “más integración menos estado”, elemento básico para entender el pacto entre el bipartidismo y el nacionalismo conservador catalán. La UE como fórmula para un estado mínimo neoliberal en España y en Cataluña.

La crisis actual es la crisis del esquema heredado de la Transición. La reconfiguración de la división internacional del trabajo marca el paso de España de un país semi-periférico a la periferia total dentro de la nueva Europa pos-crisis. Esta realidad obliga a replantearse muchos postulados tradicionales dentro de nuestro pensamiento político. En este nuevo escenario internacional ¿qué significa independizarse?. Ser un estado más dentro de la Europa alemana actual, sometido a un fuerte proceso de especialización exportadora, que marcaría la desindustrialización en Cataluña y la adopción de un patrón de economía de servicios turísticos y de atención personal, sometido a un fuerte proceso de desfiscalización, de dumping medioambiental y laboral acentuado. Tengo serias dudas que un Estado catalán independiente sería la forma de estado idóneo para superar el carácter periférico que la globalización en Europa depara a los países del sur. Si entendemos la Troika como la herramienta de homogenización de políticas de ajuste estructural en el espacio europeo, tenemos que tener en cuenta también, que esas políticas responden al interés de nuestro bloque de poder, que los intereses rentistas inmobiliarios o financieros requieren de una España periférica, esquema que comparte también CiU para Cataluña.

La independencia y el debate de la “utilidad”

El profesor Navarro nos invita a responder a una pregunta en mi opinión central: ¿qué modelo económico y qué forma de estado necesitamos para superar los déficit heredados de la Transición?. Para el ponente la Transición y la actual Constitución marcan un modelo caracterizado por una democracia limitada, escaso bienestar social y la negación de nuestro carácter plurinacional. El ponente avanza e induce otro debate interesante. Esos límites son de imposible solución dentro del marco actual, requiriendo un nuevo proceso constituyente que abriese la posibilidad de un cambio real superador de los déficit heredados de la Transición, que sin nombrarlo, parece decantarse por una opción federal. Para que dicha dinámica de ruptura democrática se abra es necesario el reconocimiento del “derecho a decidir”, lo que antes conocíamos como derecho de autodeterminación. Tesis que comparto y defiendo.

Dicho lo anterior, cabría preguntarse cómo se desenvuelve dicho debate en Cataluña. Siguiendo el esquema defendido por López Bulla, nos encontramos con dos realidades. En primer lugar, existe un activismo por la independencia que cuenta con la iniciativa política. En segundo lugar existe un sector importante de la población no tan activa y tan movilizada, que intenta ser captada por el sector independentista en torno al debate de la “utilidad”. Básicamente el esquema sería “con una Cataluña independiente viviríamos mejor”.

Este rango de la utilidad, propio de esquemas teóricos positivistas y de ópticas políticas de raíz liberal, es el hegemónico en el independentismo actual. Aquí se encuentra en mi opinión uno de los problemas que tenemos la izquierda y que le da, de momento, la hegemonía del proceso a la derecha nacionalista catalana. En el debate de la independencia, no vale defender la independencia “a palo seco” –o el “federalismo a palo seco”-, sino que se debe exigir que se exponga qué tipo de estado se quiere y qué modelo económico se defiende. Por ejemplo, que marco de relaciones laborales existiría en una Cataluña independiente en el marco de la globalización actual y de la división del trabajo dentro de la UE, o que marco de relación público-privada existiría en una Cataluña independiente. Sin embargo la izquierda y el movimiento obrero no hemos sabido plantear el debate de esta forma.

Y aquí entramos de nuevo en el debate de la “utilidad”. Si se carece de un proyecto para definir el concepto que denomino utilidad, sólo nos quedaría el “factor sentimental”, muy presente en el marco de la izquierda, cediendo la materialidad del debate a la derecha nacionalista. Sin embargo la derecha nacionalista catalana asimila la utilidad al concepto de “renta”, lo que le ha permitido encontrar un discurso generador de hegemonía que transciende al propio marco partidario de CiU. El debate de la renta se ha convertido en un argumento transversal e interclasista que le permite a la derecha nacional catalana una capacidad de iniciativa política insospechada hace dos o tres años, en plena lucha de masas contra los recortes y las reformas laborales en Cataluña.

El esquema sería: “si la riqueza generada en Cataluña se quedase en Cataluña estaríamos mejor”, debate que normalmente se tiene dentro de la política fiscal, siendo su dimensión principal, el ya conocido debate acerca de las balanzas fiscales. La derecha nacionalista traza un discurso con fuertes reminiscencias históricas, al asimilar a “España” el fracaso de nuestra inserción en la globalización, de la misma forma que el primer nacionalismo catalán lo hacía con el fracaso del 98 o de la industrialización.

Si a esto sumamos que el marco referencial de integración en la globalización no son ya los Estados nación sino las regiones, vemos como la dinámica fragmentadora de la globalización encuentra en el debate de la renta y los recursos fiscales de la zonas ricas la horma de su zapato. El debate territorial italiano sirve de base, junto al belga, para entender este proceso.

Esta dimensión de la utilidad relacionada con la renta y los recursos en clave territorial, explican porque el debate acerca del “derecho a decidir” opera de momento como un elemento que logra la unidad dentro de las capas medias y profesionales urbanas, que contrasta con la división existente dentro de la clase obrera y demás sectores asalariados.

La opción federal

Para la izquierda la pregunta clave sería ¿cómo dejar de ser periferia?, ¿cómo romper con nuestra posición actual en la división del trabajo dentro de Europa?. A lo largo del texto he intentado argumentar porque entiendo que este objetivo sería imposible dentro de una opción independentista. Sin embargo la opción federal cuenta con pocos apoyos dentro de una visión pesimista consecuencia de la dinámica recentralizadora impulsada por el PP y de una izquierda con importantes déficits federalistas.

Pero en mi opinión más que la fundada duda de que en España pueda haber un encaje para el modelo federal vista la fuerza de la derecha centralista y del bloqueo al Estatuto impulsado por el “Tripartit”, en mi opinión el problema que tiene la opción federal es la escasa base popular con la que cuenta. Este escaso apoyo puede encontrarse en el fracaso de la I República, único precedente federal en nuestro país, o de la derrota de la II República, que transmiten la imagen de caos al proyecto republicano y federal.

Uno de los escenarios que mayor credibilidad social pueden darle al federalismo, es el tratamiento que se le dé al Estado social. Para que el proyecto federal gane una importante base popular obliga a situar a este modelo como el único capaz de resolver los tres grandes déficits arrastrados desde el siglo XIX: la falta de una base productiva y tecnológica propia, la falta de un Estado social avanzado y la escasa “calidad” democrática de nuestro sistema. Superar estos tres límites permitirían poner las bases para superar nuestro carácter de formación social periférica en el marco de la Europa pos-crisis que se abre.

El principal problema es el desigual reparto de la renta que sufrimos. La dinámicas centro-periferia de la globalización requieren de un contrapeso que no se va a dar ni en un modelo centralista ni en un modelo independentista. El Estado federal permitiría impulsar las fuerzas endógenas que posibilitarían construir una economía autocentrada, romper con el bloqueo del obsoleto modelo centralista o del agotado de las CC.AA. y permitir mecanismos redistribuidores de la riqueza a nivel de clase y a nivel de territorios, junto al desarrollo de una democracia de base municipal y del ejercicio de las culturas nacionales existentes en torno al derecho a decidir. Modelo que sería el primer estado construido al margen de la hegemonía de las burguesías conservadoras españolas y de la derecha nacionalista catalana.

Pero para llegar a esa realidad los federalistas debemos de salir del mero ejercicio intelectual a una praxis política audaz y valiente. Que cuando desde la izquierda catalana se diga, ¿dónde están los federalistas en España?, encuentren una referencia nítida, que permita trazar alianzas, y así recuperar un bloque social formado por las clases trabajadoras de nuestro país y las capas medias de profesionales y técnicos, única alianza capaz de lograr una salida social y democrática a la crisis actual.

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