Sobre los atentados de París

Ante los últimos atentados ocurridos en París, el grupo municipal IUCM-LV Sevilla la Nueva quiere hacer llegar a todos los vecinos y vecinas nuestra posición al respecto.

En primer lugar, nos hemos sumado, como no podía ser de otra manera, al minuto de silencio por las víctimas y a la declaración institucional de todos los grupos presentes en nuestra corporación municipal.

Sin embargo, nos parece inaceptable olvidar al resto de las víctimas, a aquellas que no son “de los nuestros”, a los ignorados por Occidente, a aquellos que llevan lustros sufriendo los ataques de unos y de otros. Que lloremos por unos no nos obliga a olvidar el horror que sufren otros, ni nos libra de llorar también por ellos. Pero, sobre todo, nada nos exime de la responsabilidad de intentar evitar estas muertes, se produzcan donde se produzcan.

Por eso creemos que las manifestaciones de pesar y las declaraciones “de cara a la galería” no arreglan el problema y que hay que ahondar en las causas de lo que está ocurriendo y en la búsqueda de soluciones para conseguir detener esta sangría.

Es evidente que en el mundo hay muertos de primera, de segunda e incluso de tercera o cuarta categoría. La cobertura mediática de unos u otros sucesos así lo demuestra, por lo que no es de extrañar que los occidentales nos sintamos más impactados por lo que afecta directamente a nuestro tipo de sociedad.

Pero, a pesar de esta manipulación de la que somos objeto, es nuestra obligación ser conscientes de que, cuando estalla una bomba o cae un misil, también en Líbano, Irak, Siria y tantos otros países hay padres, madres, hermanos y amigos que sufren y buscan desesperados a sus seres queridos. Que un avión ruso derribado por un atentado, con 224 muertos, no es menos importante. Que las vidas de los 150 estudiantes masacrados en una universidad de Kenia tienen el mismo valor. Al igual que las de los palestinos y los saharauis expulsados de sus tierras, de sus casas y asesinados o encarcelados cada día. Por cierto, Siria acogió hace casi 70 años a medio millón de refugiados palestinos, que ahora huyen a Europa y otros países, como el resto de los sirios. Que los 200 niños asesinados por ISIS la semana pasada por no unirse a ellos, también tenían madres y padres, como nosotros.

Al igual que Occidente, estos países están sometidos al terror de grupos que dicen asesinar en nombre de sus creencias. Nada más falso. Si bien es cierto que las religiones a menudo se utilizan para manipular a las personas y que, como dice Antonio Muñoz Molina, “cuando una persona cree conocer la voluntad del Ser Supremo, las consecuencias son impredecibles: le pueden llevar a la generosidad o al asesinato, a entregar su vida por una causa justa o sacrificar las vidas de otros en nombre de algún oscuro pasaje de un texto escrito sobre un pergamino o un papiro hace muchos siglos”, a lo largo de la historia, hemos visto infinidad de veces cometer crímenes atroces en nombre de las distintas religiones, pero la religión siempre era la excusa, el medio para alcanzar un fin que no tenía nada que ver con ésta.

En el caso que nos ocupa, además, hay que hacerse algunas preguntas y reflexionar sobre ellas:

¿De dónde procede la ingente cantidad de dinero que los financia?

¿A quién beneficia la situación?

¿Realmente hace falta que suceda en Europa o en Estados Unidos para que sea importante?

También deberíamos preguntarnos, aunque es fácil encontrar la respuesta, qué efectos tienen estos atentados sobre nuestras vidas, sobre nuestras libertades democráticas, sobre la vigilancia y control que se ejerce sobre nosotros, sobre el nada casual auge del racismo y el fascismo que se produce tras cada uno de estos hechos.

Creemos que es necesaria una reflexión basada en la razón y en el conocimiento de estos sucesos incalificables y sus causas. No debemos dejarnos llevar por los deseos de venganza, por la irracionalidad y la indignación. Pero, sobre todo, por el desconocimiento, que nos llevará a culpar a inocentes y a caer en la trampa del racismo y la xenofobia contra los que son los primeros que están sufriendo desde hace muchos años.

Por nuestra parte, exigimos a todos los países, tanto de Oriente como de Occidente, en los que radica el problema, que dejen de provocar guerras y atentados para favorecer sus intereses económicos y que actúen contra aquellos a los que ellos mismos entrenaron y ahora financian. La solución la tienen, citando a Xosé Luis Barreiro Rivas, “los que destruyeron Libia, armaron a los yihadistas de Siria, apoyan a los fundamentalistas de Arabia, venden armas a los mismos que bombardean, y están cerrando un balance cuyo resumen es que en todos los sitios en los que hemos intervenido desde 1990 hay más miseria, muerte y terror –y menos esperanza- que antes”.

Referencias y fuentes de recomendable lectura:

Èric Lluent. El peligro de ponerse la foto de perfil con el filtro de la bandera francesa.

Mikel Itulain. Los atentados de París: Cui bono?

Óscar Blázquez en Facebook.

Xosé Luis Barreiro Rivas. “Je suis Forcarei”.

Antonio Muñoz Molina. Divagaciones en días tristes.

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