FISCALIDAD Y DÉFICIT: LA CAMISA DE FUERZA DE LA ARQUITECTURA NEOLIBERAL

circulo-economiaEl gobierno del PP, como lo fue el del PSOE, es un gobierno vasallo que se limita a obedecer el dictado de la Troika, asumiendo su estrategia económica. El PSOE con sus políticas social liberales fue estrechando cada vez más su espacio de intervención política en lo social y en lo económico hasta aceptar la modificación del art. 135 de la Constitución.

Esa estrategia es ideológica persigue recomponer un orden social a partir del empobrecimiento de la mayoría de la población y en beneficio de minorías vinculadas a la propiedad del capital financiero y el gran capital productivo. Asistimos a una recomposición de las clases sociales en nuestro país que genera creciente desigualdad, con una parte de la clase trabajadora por debajo del umbral de la pobreza y la desaparición de las capas medias.

Los neoliberales dicen que la austeridad y las reformas estructurales son necesarias para recuperar el crecimiento económico y el empleo. Sus recetas se estructuran en 3 ejes: consolidación presupuestaria, confianza en los mercados internacionales de deuda y reestructuración de los fundamentos económicos. Pero es imposible que los países periféricos puedan pagar su deuda(pública y privada), estas políticas no solo no resuelven la crisis sino que la agravan. El discurso de la troika es falso, pero sirve de excusa a su objetivo: recuperar la tasa de ganancia mediante la devaluación interna (reducción de salarios directos e indirectos).

La Ley Orgánica de “Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera”, fue un desarrollo del art. 135 e institucionaliza el déficit cero. Habla de crecimiento económico y creación de empleo, no es útil para esos propósitos. El objetivo es dar confianza a los inversores a través del control del gasto público y la deuda pública. Esta ley, como Maastricht y la configuración económica de la UE, encorseta las finanzas públicas y las deja sin margen de maniobra. Por la dinámica económica y el rol del Estado como prestamista de último recurso, el Estado es quien absorbe la mayoría de los costes de la crisis. Por eso la deuda pública se dispara después de la crisis y no antes, porque es el instrumento para socializar las pérdidas y absorber entre todos el impacto de la crisis. El Estado incrementa deuda pública por intentar salir de la crisis (planes de estímulo) y por los rescates a entidades financieras y otras empresas privadas. Se transfieren rentas desde lo público a lo privado y riesgos desde lo privado a lo público.

Ambos fenómenos son una palanca de destrucción del Estado del Bienestar. Con un Estado absorbiendo los costes de la crisis y un encorsetamiento de las finanzas públicas la única forma que les queda a los gobiernos es recortar y recortar.

Hasta el punto que la propia ley orgánica reconoce que “se establece la prioridad absoluta de pago de los intereses y el capital de la deuda pública frente a cualquier otro tipo de gasto, tal y como establece la constitución“.

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